TAROT PARTE I



Sobre el origen y práctica del Tarot se han desarrollado diversas Teorías, a lo largo de todas las geografías y épocas. Sin embargo, habiendo trascendido a lo largo de los siglos como un libro anónimo, desde la tradición Hermética ha sido considerado en el orden de las revelaciones, como un libro, sagrado, mágico y bendito, que muestra por sí mismo el mejor modo de ser empleado, una vez conociendo los significados que lo integran.

Su aspecto “mágico” deriva de que en cierto modo permite ver aspectos velados en la conciencia de vigilia, su aspecto sagrado consiste en que nos confronta con nuestras propias pulsiones inconcientes que atentan contra la vida y su aspecto bendito resulta de esa expansión que produce en la conciencia; por lo que trabajar con el Tarot siempre genera un provecho para nuestras vidas. De ahí su nombre antiguo como “Barakha”, (cuyo significado es “bendición”) que posteriormente asociado a la nomenclatura del hermetismo egipcio, dio origen a lo se conoce hoy como Baraja de Tarot.
A través de la interpretación onírica, exotérica, numerológica y astrológica del libro de las Bendiciones del eterno presente, La Baraja del Tarot, se pueden lograr resultados terapéuticos y consultivos orientados, entre otros, a identificar fortalezas, oportunidades, desafíos y riesgos para el desarrollo, familiar y patrimonial; expandir el potencial creativo y económico; incrementar el magnetismo personal y conocer los puntos ciegos de la propia conciencia para el mejoramiento de las relaciones sociales, laborales y afectivas.

Como una enciclopedia gráfica, el Tarot resume amplios conocimientos en los campos de la las ciencias y artes arcanas, la astrología, la numerología y la alquimia, exclusivas desde el medievo únicamente para la nobleza y vetadas por la jerarquía romana para los grupos menos influyentes de la sociedad, tanto por su empleo asociado a las creencias deterministas de algunos cultos paganos, como a su usufructo sin un debido tributo.